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Las 10 prácticas más importantes de los educadores

Ciertas prácticas son determinantes para que nuestras enseñanzas como maestros tengan éxito y logremos que el aprendizaje sea un viaje apasionante para nuestros estudiantes. Conoce 10 maneras de maximizar tu desempeño como formador o formadora de las nuevas generaciones.

Un ingeniero en telecomunicaciones español decide volver a impartir clases, luego de que se quedara sin trabajo. Su nombre es David Calle, y dirige una academia educativa en donde enseña física, matemáticas, química y tecnología.

Pero  a causa de la crisis, muchos chicos abandonaron la academia y por eso el profesor tomó la iniciativa de elaborar videos educativos a través de su canal de YouTube, Unicoos.

Unicoos ya cuenta con un millón de suscriptores, y a pesar de que es un servicio gratuito, el profe de YouTube asegura que está contentísimo porque ayuda a millones de alumnos alrededor del mundo a superarse y a entrar en la universidad, lo que lo motiva día a día a seguir colaborando con jóvenes de diversas nacionalidades.

Al igual que David Calle, un educador de verdad es aquel que ama enseñar. Que disfruta y se alegra cuando sus estudiantes entienden y aprenden. Reconocer a un docente con estas características es simple, pues su influencia en los demás es innegable.

Los buenos educadores comparten ciertas prácticas que les ayudan a dar lo mejor de sí y motivan a sus estudiantes a hacer lo mismo. ¿Cuáles son?

1.- Pasión por la enseñanza

Un profesor sobresaliente está convencido de que vino a este mundo a enseñar; su vocación es evidente, pone todas sus energías en comunicar su mensaje y se preocupa de que los jóvenes entiendan y elaboren sus propios argumentos.

2.- Cercanía afectiva y cognitiva

Para tener éxito enseñando, debe existir una familiaridad, una cercanía afectiva y cognitiva que permita  una conexión entre el emisor y el receptor, de tal manera que el docente sea un referente para el estudiante. Esto se logra a través del respeto, el cariño, la congruencia y la entrega.

 3.- Escucha activa del docente al estudiante

Siempre se habla de que el estudiante debe escuchar al maestro, pero también debe ser al revés. Fomentar la escucha activa es parte de la inteligencia emocional que caracteriza a un educador valioso.

4.- Adaptación de metodologías y estrategias

No todas las audiencias son iguales, por lo tanto hay que ser flexible y adaptar los métodos de enseñanzas y las estrategias al grupo en cuestión.  Recuerda que la neurociencia nos indica que la mejor clase es la que hace que el estudiante participe activamente de múltiples metodologías de aprendizaje que incluyan aspectos visuales, auditivos, sensitivos, de interacción social, de construcción propia, etc.

5.- Métodos de manejo disciplinario

Esto está determinado por las edades de los alumnos, no podemos establecer disciplina de la misma forma en niños pequeños que en adolescentes. Un docente efectivo sabe cómo comunicarse con los estudiantes para llegar a acuerdos y evitar los castigos, de esta manera ayudándolos a formar el respeto y la responsabilidad.

6.- Emoción en el aprendizaje

La neurociencia nos explica que nuestro cerebro necesita emoción para aprender. Como seres humanos primero somos emocionales, y después somos críticos. Una clase divertida y con momentos memorables garantiza que los alumnos recuerden muchas más cosas.  La emoción tiene un rol clave en la motivación y en la resolución de problemas de acuerdo al neurocientista Kurt W. Fischer.

7.- Aprendizaje vinculado con su realidad

Decía Séneca, “Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos”. La mejor forma de acercarnos a un tema es buscando casos en la vida real, haciendo comparaciones, o por medio de una película, visita a terreno o proyecto práctico. La teoría debe verse en la práctica. Paulo Freire va más allá en esto y nos plantea que siempre tendremos que construir conocimiento partiendo de la realidad y la experiencia del educando, para luego pasar a conocimientos más avanzados y nuevos para ellos.

8.- Menos presión y más confianza

Nadie quiere sentir que lo van a dejar en ridículo. Por eso, el mejor ambiente de clases es aquel en el que las personas no tienen miedo de expresarse y en donde el profesor aliente la participación. Cuando el educando se siente en confianza, se atreverá a participar y equivocarse, logrando acumular experiencia que derivará en aprendizajes.

9.- Entrega de autonomía al estudiante

En Finlandia, el sistema educativo es muy avanzado y una de sus características es que los docentes dan mucha libertad a sus alumnos. Pero desde pequeños les dejan en claro que la educación es para ellos (los alumnos). De modo que les enseñan la responsabilidad de desempeñar su parte y en la práctica los acompañan y modelan esta autonomía.

10.- Efecto Pigmalión

El psicólogo Robert Rosenthal realizó unos experimentos en los años 60 en donde demostró que las expectativas y creencias de una persona influyen en el rendimiento de otra. Le llamó el efecto Pigmalión en honor a la leyenda. Tanto si tienes grandes expectativas como si estas son muy bajas respecto a cada estudiante, estarás influyendo en que ellas se hagan realidad.

Pigmalión era un escultor que vivía en la isla de Creta y que se enamoró de una estatua que él mismo había creado: Galatea. Tan fuertes eran sus sentimientos por ella que pidió a los dioses que la convirtieran en una mujer de carne y hueso para poder amarla como una a una mujer real y Afrodita le concedió su deseo.

Un buen educador cree en el infinito potencial de sus alumnos, y es capaz de motivarlos a conseguir sus sueños. Estas diez prácticas son determinantes para que nuestras enseñanzas como maestros tengan éxito y logremos que el aprendizaje sea un viaje apasionante y placentero.

Esteban Álvarez,

Gerente General de Directivo Docente.

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